Este 11 de febrero de 2026, la UNESCO nos convoca a pasar de las declaraciones a los resultados con un lema tan directo como necesario: “From Vision to Impact: Redefining STEM by Closing the Gender Gap” (De la visión al impacto: redefinir las STEM cerrando la brecha de género), con especial atención a las tecnologías nuevas y emergentes y su influencia en la igualdad. Desde la Asociación de Enfermería Comunitaria (AEC) nos sumamos a este llamamiento porque la brecha de género en ciencia no es un “tema educativo” aislado: es un determinante social que condiciona oportunidades, salud, innovación y justicia.

Sabemos que el problema no es falta de talento. Es falta de acceso, de referentes, de expectativas compartidas y de condiciones. A escala global, las mujeres siguen siendo aproximadamente un tercio de la comunidad investigadora, y en países del G20 ocupan alrededor del 22% de los empleos STEM, cifras que llevan años avanzando demasiado despacio. En el empleo STEM, distintas fuentes sitúan la representación femenina aún lejos de la paridad (por ejemplo, en torno a un 28% a nivel mundial en 2024 según datos difundidos por entidades del ámbito STEM). Y en España, aunque hay avances, en muchas titulaciones STEM la proporción sigue siendo muy desigual.
Aquí es donde las enfermeras comunitarias tenemos algo específico que aportar: trabajamos donde se construyen (o se frenan) las vocaciones. En la consulta, en la escuela, en el barrio, en los espacios juveniles, en las universidades, en los centros de investigación, en la coordinación con servicios sociales y asociaciones. Cuando una niña escucha “eso no es para ti”, cuando una adolescente deja de preguntar en clase por miedo a parecer “lista”, cuando una joven abandona un itinerario científico porque no ve futuro, la comunidad lo nota. Y ahí, la enfermera comunitaria puede actuar: creando espacios seguros, promoviendo alfabetización científica, conectando la ciencia con la vida real, y reforzando algo básico: tu curiosidad es válida y tu lugar también.
Por otro lado, las enfermeras tenemos una voz propia que no puede quedarse al margen. La enfermería es una profesión eminentemente femenina: en España, según datos del INE recogidos por el Ministerio de Sanidad, el 85,5% de las enfermeras son mujeres. A nivel internacional, numerosas fuentes sitúan el peso de mujeres en el conjunto de la profesión en torno al 90%. Esto debería traducirse en reconocimiento, liderazgo y presencia científica. Sin embargo, a menudo ocurre lo contrario: se normaliza que “los cuidados” sean cosa de mujeres, pero se invisibiliza la ciencia de los cuidados, se infrafinancia, y se discute su legitimidad como investigación “de alto impacto”.
Por eso, hablar del 11F también es hablar de investigación enfermera. Investigar en enfermería no es un lujo académico: es producir evidencia sobre qué intervenciones mejoran la salud en la vida real, en domicilios, escuelas, centros de salud y barrios. Es investigar cómo reducir reingresos, cómo mejorar la adherencia, cómo disminuir la soledad no deseada, cómo acompañar el duelo, cómo prevenir caídas, cómo diseñar educación para la salud que funcione de verdad, cómo evaluar la implementación de la salud digital sin dejar a nadie atrás. Es, en definitiva, convertir el cuidado en conocimiento y el conocimiento en resultados.
Además, hablar de “niñas y mujeres en la ciencia” también significa mirar la ciencia en salud. Hoy, gran parte de lo que transformará la atención (IA, algoritmos clínicos, salud digital, apps, dispositivos, big data) se está diseñando con sesgos si no hay diversidad suficiente en quienes investigan y desarrollan. Por eso el lema de 2026 es tan pertinente: cerrar la brecha no es solo equidad, es calidad e impacto en lo que la ciencia produce y para quién lo produce.
En este 11 de febrero, la AEC se suma al mensaje de UNESCO de pasar de la visión al impacto, poniendo el foco en que la igualdad en STEM se logra en el territorio, con políticas y recursos, sí, pero también con conversaciones diarias, con tutorías, con oportunidades reales y con profesionales comunitarios que sostienen procesos. Las enfermeras comunitarias no solo “acompañamos”: abrimos puertas, traducimos la ciencia a la vida y devolvemos a las niñas y a las jóvenes el derecho a imaginarse científicas.
Como es habitual, cerramos con algunas recomendaciones culturales para seguir pensando y conversando sobre mujeres, niñas y ciencia más allá de las efemérides:
UN LIBRO:

- Enfermeras invisibles. Inventoras, invencibles, increíbles (2021) de Olga Navarro y Vanessa Ibáñez (con ilustraciones de Irene Bofill). Un libro que rescata aportaciones científicas y tecnológicas hechas por enfermeras (inventos, campañas, avances y cuidados basados en evidencia) y ayuda a poner nombre y referentes a una ciencia que a menudo se ha contado sin nosotras.
-
UNA PELÍCULA:- Figuras ocultas (Hidden Figures, 2016)

- Figuras ocultas narra la historia real de tres mujeres afroamericanas, Katherine Johnson, Mary Jackson y Dorothy Vaughan, que trabajaron como matemáticas en la NASA durante los primeros años de la Carrera Espacial. En un contexto marcado por la segregación racial y la discriminación de género, estas mujeres desempeñaron un papel esencial en el desarrollo de los cálculos que permitirían a Estados Unidos enviar astronautas al espacio. La película se centra en cómo, a pesar de las barreras, cada una de ellas logró abrirse paso gracias a su talento, determinación y perseverancia.
-
UNA CANCIÓN:- “Mujer valiente” (Ana Belén, compuesta por Rozalén)
- Es una canción-homenaje a la fortaleza de muchas mujeres que, aun con miedo o heridas, siguen adelante. Habla de resistir, de levantarse una y otra vez, de sostener a los demás y también de aprender a cuidarse, a ponerse límites y a no pedir perdón por ser como son. Es un canto de admiración y ternura: reconoce el dolor y las cargas, pero pone el foco en la dignidad, la esperanza y la valentía cotidiana de seguir caminando.
-
- Recomendación especial:
- Vídeo divulgativo sobre Isabel Zendal y su papel clave en la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna (1803), que llevó la vacunación contra la viruela desde A Coruña hasta América. Un homenaje a su contribución, reconocida por la OMS como la primera enfermera en misión internacional.


