Publicado en Open Access el nuevo número de la Revista Iberoamericana de Enfermería Comunitaria (RIdEC) de la Asociación de Enfermería Comunitaria (AEC).
Todos los artículos y noticias de AEC
Cómo citar este artículo:
Gea Caballero V. Riesgos (y beneficios) del uso de herramientas de inteligencia artificial en la escritura de artículos científicos. RIdEC 2025; 18(1):4-5. doi: https://doi.org/10.63178/yvmv5286ridec
La inteligencia artificial (IA) surge como una innovación tecnológica que ha irrumpido en nuestras vidas y transformado la realidad de muy diferentes maneras, llegando a múltiples escenarios de nuestra vida cotidiana, también al nivel profesional. Como es de imaginar, la práctica sanitaria y la escritura científica no son una excepción, por ejemplo, en la enfermería y la enfermería comunitaria. Estaremos de acuerdo en que la IA debe (y tiene) que facilitarnos la automatización de procesos de trabajo, que permitan reducir cargas y acciones liberadoras de tiempo que podamos emplear en dar más valor humano, científico y técnico a nuestra actividad. En la escritura científica esto puede traducirse, como mínimo, en dos oportunidades de mejora: en la eficiencia y en la calidad de la producción.
Esta realidad conlleva, sin embargo, ciertos riesgos: abusar de estas herramientas, excediendo lo que consideraríamos ayuda, convirtiéndose en protagonista del trabajo científico. Por lo tanto, se plantean ciertos compromisos y desafíos éticos que deben ser explorados y abordados con cautela, para reflexionar sobre los riesgos y los beneficios asociados al uso de IA en la redacción científica. En este mismo número de la Revista Iberoamericana de Enfermería Comunitaria, presentamos un artículo especial cuya autoría se declara a la IA con revisión humana. Obviamente, el objetivo de dicho artículo solo pretende presentar un resumen de informaciones clave a partir de cuatro documentos extensos publicados por la sociedad científica SESPAS en forma de monografía, para lo que se obtuvo el consentimiento. Es un ejemplo de algunas posibilidades de síntesis. Del mismo modo que presentamos un beneficio de la IA (sintetizar informaciones amplias e incluso mejorarlas) presentamos también el conflicto: ¿Es ético publicar un artículo generado de forma automatizada?
Lo que apreciamos es que, como mínimo, la IA puede ser una forma de eficientar y ahorrar tiempo de trabajo. La automatización de tareas repetitivas, las correcciones, la revisión avanzada de la literatura, e incluso procesos complejos y avanzados como son también el análisis de datos o las traducciones. Gracias a su capacidad para el análisis de datos masivos, puede proponer mejoras en la estructura, organización y redacción, para aportar mayor claridad y especificidad. Incluso puede detectar lagunas de conocimiento u oportunidades en cuanto a enfoques y reenfoques de nuevas investigaciones.
Puede ayudarnos, por ejemplo, en la síntesis de la evidencia disponible, algo que puede ser de gran utilidad en conceptos y fenómenos no demasiado estudiados como determinados gaps en intervenciones o desarrollos de carácter grupal o comunitario. Estos son solo algunos pequeños ejemplos de cómo esta tecnología puede facilitarnos el proceso de investigación.
Sin embargo, su uso y aprovechamiento no está exento de riesgos y desafíos. Una de las primeras preocupaciones de los equipos editoriales es, sin duda, la falta de originalidad y autenticidad de los manuscritos. La escritura científica no deja de ser un proceso cognitivo superior y avanzado, basado en el pensamiento, reflexión, juicio crítico y experiencia del equipo de investigación, y no un documento basado en la capacidad de procesamiento de una máquina, desvinculado de los procesos superiores del razonamiento humano. El resultado puede acabar en textos muy genéricos y carentes de profundidad crítica, además de otros conflictos como pueden ser la producción de textos muy similares a otros como consecuencia de la falta de especificidad, profundidad e interpretación. Por otro lado, seguimos observando sistemáticamente la presencia de sesgos y errores de información, consecuencia del uso de datos preexistentes que, de no ser verificados adecuadamente y valorada su pertinencia y obsolescencia, puede perpetuar la información, conceptos y marcos no actuales. La pregunta surge con fuerza: ¿utiliza la IA las mejores fuentes, las más robustas y las más actuales? Sabemos que no, o no siempre, lo que compromete su credibilidad.
Y, por supuesto, quedaría la reflexión sobre los aspectos éticos de la investigación y la redacción. ¿Cuál es el límite aceptable que logre que no exista una dependencia excesiva de la IA? ¿Quién es el autor/a real de documentos generados ampliamente con IA? ¿Qué grado de responsabilidad intelectual puede tener tal documento? ¿Cómo puede vulnerarse la integridad académica con textos semiautomatizados?
Lo cierto es que las revistas científicas deben estar preocupadas no por el uso de la IA, sino por el mal uso y abuso de esa IA. Tenemos y debemos utilizarlas, porque estas herramientas tienen la capacidad real de, con un uso equilibrado y con pensamiento humano crítico aplicado, revolucionar la escritura científica. Y por ello, y tal y como sucedió hace años con la incorporación de detectores de plagio, sea necesario que las revistas utilicen no solo detectores de textos autogenerados en exceso, sino que incorporen y regulen en sus normas públicas el uso, los aspectos y la declaración de conflictos éticos que pudiera existir por el uso de IA. En la Revista Iberoamericana de Enfermería Comunitaria RIdEC, y en la Asociación de Enfermería Comunitaria (AEC), ya hemos iniciado este camino para que la integridad y credibilidad de la producción científica difundida en RIdEC sea máxima. Pero ese es un compromiso que no depende solo de revistas o editores/as, también dependerá del compromiso de los equipos de investigación y su respeto a los estándares éticos.
Dr. Vicente Gea Caballero
Director de Revista Iberoamericana de Enfermería Comunitaria RIdEC
Asociación de Enfermería Comunitaria AEC
Adjunto:
Hablar de cuidados comunitarios no es nada nuevo. En los últimos años, es un término que está presente tanto en el ámbito sanitario como en otros ámbitos vinculados al campo de la salud pública y al desarrollo social comunitario con un enfoque colaborativo y multisectorial.
El cuidado comunitario asume a la comunidad como protagonista, implicándola en la identificación de necesidades, la toma de decisiones y la ejecución de acciones para el cuidado de la salud de sus miembros. Sin embargo, la propia complejidad del trabajo comunitario en sí no siempre permite optimizar todos los recursos disponibles y activos en la atención comunitaria, dificultando a su vez la participación de la comunidad [1, 2].
Cuando la comunidad participa activamente en la gestión de sus determinantes sociales, asume responsabilidades sobre su propia salud y la de su entorno, incrementando de esta forma su capacidad para resolver problemas y fomentando el desarrollo de estilos de vida más saludables [3].
La historia nos muestra cómo las comunidades ante situaciones complejas como crisis económicas, guerras, pandemias o procesos de transformación social, recurren a la organización colectiva y el cuidado mutuo como estrategias de resiliencia y supervivencia, adaptando sus formas de acción a los desafíos de cada época y contexto [4].
Podríamos profundizar en el recorrido histórico de cualquier ciudad en cualquier país; de todas ellas, vamos a centrarnos en una en concreto, Tarragona.
La trayectoria histórica de Tarragona, marcada por la convivencia, la adaptación colectiva y la construcción de la comunidad ante la adversidad [5], representa los valores y retos que este año la Asociación de Enfermería Comunitaria (AEC) abordará en el VIII Congreso Internacional y XIV Nacional de la AEC, así como el XII Encuentro de tutores y residentes de Enfermería Familiar y Comunitaria, que se celebrará los días 22, 23 y 24 de octubre de 2025 en el Palau Firal i de Congressos de Tarragona.
El lema propuesto, Cuidados comunitarios: Fórum de la complejidad, conecta con la historia local de Tarragona por varias razones [5].
En primer lugar, al igual que el foro romano o los consejos urbanos medievales [5], el congreso se plantea como un espacio de encuentro y diálogo donde compartir experiencias y construir soluciones colectivas a problemas complejos.
Por otro lado, la historia de Tarragona muestra cómo la fragmentación social y la vulnerabilidad requieren respuestas comunitarias, participativas y coordinadas [5], principios que están en el centro del enfoque de los cuidados comunitarios.
Finalmente, de igual forma que Tarragona ha sabido reinventarse a lo largo de los siglos integrando saberes ancestrales, nuevas formas de organización y cooperación adaptándose a los retos de cada época, las enfermeras comunitarias hemos innovado y nos hemos adaptado para abordar la complejidad de los cuidados en la actualidad.
El congreso nace como respuesta a la necesidad de abordar la complejidad del cuidado desde una perspectiva innovadora, integradora, salutogénica y profundamente humana, poniendo en el centro la equidad, la participación, la diversidad y la promoción de la salud. Tarragona no solo es un escenario simbólico para nuestro congreso, sino también es un ejemplo vivo de cómo los cuidados comunitarios y la gestión de la complejidad son esenciales para el bienestar y la cohesión social.
Asistir es más que una oportunidad de formación, es una invitación a formar parte activa de una sociedad científica comprometida, dinámica y en constante evolución. Es el momento de compartir, de inspirarse y de contribuir con ideas y experiencias a la construcción de un modelo de atención más equitativo, accesible y centrado en las personas. Es, en definitiva, una ocasión para reafirmar el valor de la Enfermería Comunitaria como motor de transformación social.
Reserva estas fechas y súmate a este gran encuentro. La participación de cada uno es esencial para avanzar juntos hacia el futuro de los cuidados comunitarios, afrontando la complejidad con conocimiento, pasión y compromiso.
¡Os esperamos en Tarragona! Un espacio de innovación, aprendizaje y transformación del cuidado comunitario.
Dra. Maribel Mármol López
Presidenta
Asociación de Enfermería Comunitaria (AEC)
Bibliografía
[1] Cotonieto-Martínez E, Rodríguez-Terán R. Community health: A review of pillars, approaches, intervention tools and its integration with primary care. JONNPR. 2021; 6(2):393-410. doi: https://doi.org.10.19230/jonnpr.3816
[2] Sobrino Armas C, Hernán García M, Cofiño R. ¿De qué hablamos cuando hablamos de “salud comunitaria”? Informe SESPAS 2018. Gac Sanit. [internet] 2018 [citado 30 may 2025]; 32:5-12. Disponible en: https://www.gacetasanitaria.org/es-pdf-S0213911118301547
[3] Gobierno de España. Salud comunitaria [internet]. Madrid: Ministerio de Sanidad. Promoción de la salud y prevención; 2025. [citado 30 may 2025]. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/areas/promocionPrevencion/entornosSaludables/saludComunitaria/home.htm
[4] Barañano M, Santiago J, Domínguez M. La dimensión espacial del bienestar, los cuidados y la vulnerabilidad. Revista Española de Sociología. 2023; 32(4),a185. doi: https://doi.org/10.22325/fes/res.2023.185
[5] Dutour T. La ciudad medieval. Orígenes y triunfo de la Europa urbana. Paidos [internet] 2004 [citado 30 may 2025]; 950-12-5043-1. Disponible en: https://hal.sorbonne-universite.fr/hal-03950273
Adjunto:
Cómo citar este artículo:
Rodríguez Leana C, Terrazas Meraz MA, Fernández Sánchez, A. Variables de salud percibida asociada al agotamiento académico en estudiantes universitarios en pospandemia covid-19. México. RIdEC 2025; 18(1):8-16. doi: https://doi.org/10.63178/ajhr7447ridec
Fecha de recepción: 8 de agosto de 2024.
Fecha de aceptación: 25 de abril de 2025.
Autores
1 Claudia Rodríguez Leana
2 María Alejandra Terrazas Meraz
3 Abigail Fernández Sánchez
- Doctora en Alta Dirección. Profesora Investigadora de Tiempo Completo adscrita a la Facultad de Enfermería. Universidad Autónoma del Estado de Morelos. México
- Doctora en Ciencias en Salud Pública con área de concentración en Epidemiología. Profesora Investigadora de Tiempo Completo adscrita a la Facultad de Nutrición. Universidad Autónoma del Estado de Morelos. México
- Doctora en Ciencias de Enfermería. Profesora Investigadora de Tiempo Completo adscrita a la Facultad de Enfermería. Universidad Autónoma del Estado de Morelos. México
E-mail:
Resumen
Introducción: analizar las dimensiones de agotamiento académico, variables de salud mental y sociodemográficas de los estudiantes de enfermería en pospandemia covid-19 en una universidad pública.
Método: estudio prospectivo, transversal y analítico, realizado a 174 estudiantes durante febrero de 2024. El instrumento para evaluación de burnout académico fue MBI-HSS de 15 ítems. Instrumento para valoración de salud mental (GHQ-28): síntomas somáticos, ansiedad e insomnio, disfunción social y depresión, contiene cápsula de consentimiento informado y una encuesta sociodemográfica. El análisis de los datos fue mediante el programa estadístico SPSS V-22, con medidas de tendencia central, correlaciones de Pearson y prueba t.
Resultados: participantes n= 174, el 75,3% fue mujer, la mayoría fue soltero (97,1%), edad promedio 19,87. Fue detectada la presencia de agotamiento académico y la salud mental estaba alterada. La asociación entre los datos demográficos agotamiento académico y salud mental es significativa. Los estudiantes presentan niveles bajos de burnout (24,7%), intermedio (61,2%) y alto (14,1%). La salud mental presenta un nivel leve (16,5%), moderado (19,6%) y alto (40,5%) y el 23,4% se percibe sano.
Conclusiones: en el impacto pospandemia se presentan secuelas en salud físicas, psicológicas y comportamentales entre otras variables escolares.
Palabras clave: salud mental; agotamiento académico; estudiantes universitarios.
Abstract
Perceived health variables associated to academic burnout in University students after the Covid-19 pandemic in Mexico
Objective: to analyse the dimensions of academic burnout, mental health and sociodemographic variables of nursing students at the COVID-19 post-pandemic period at a Public University.
Method: a prospective, cross-sectional and analytical study, conducted with 174 students during February 2024, using the
15-item tool for academic burnout assessment (MBI-HSS), and the GHQ-28 tool for mental health evaluation: somatic symptoms, anxiety and insomnia, social dysfunction and depression, containing an Informed Consent capsule and a sociodemographic survey. Data analysis was conducted with the SPSS V-22 statistical program, with central trend measures, Pearson correlations and T-test.
Results: there were 174 participants (n= 174), 75.3% were female and the majority were single (97.1%), with an average age of 19.87 years. The presence of academic burnout was detected, as well as alterations in mental health. The association between demographic data for academic burnout and mental health was significant. Students presented low (24.7%), medium (61.2%), and high (14.1%) burnout levels. Mental health presented low (16.5%), moderate (19.6%) and high (40.5%) levels, while 23.4% was perceived as healthy.
Conclusions: with post-pandemic impact there were aftereffects in physical, psychological and behavioural health, among other school variables.
Key words: mental health; academic burnout; university students.
Introducción
Aproximadamente una de cada ocho personas en el mundo sufre algún trastorno mental [1]. En México tres de cada 10 personas padecen algún trastorno mental a lo largo de su vida y más del 60% de la población que sufre alguno de ellos no recibe tratamiento. Los trastornos de salud mental más habituales son la ansiedad y la depresión [2].
El síndrome de burnout fue declarado, en el año 2000, por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un factor de riesgo laboral, debido a su capacidad para afectar la calidad de vida, salud mental e incluso hasta poner en riesgo la vida del individuo que lo sufre. Enfatizando en este problema, se adapta el instrumento hacia los estudiantes universitarios conocido como agotamiento académico, en ellos afecta su desempeño académico y en su salud física y mental [3].
El burnout académico es una respuesta emocional negativa respecto de los estudios; una sensación de encontrarse exhausto, de no poder más con las tareas escolares (agotamiento); una actitud de distanciamiento respecto de lo que significa ser estudiante, de la importancia que tiene y la utilidad que le atribuye a los estudios que está realizando (cinismo); así como un sentimiento de incompetencia académica (ineficacia), un sentimiento de reducida competencia, poca motivación y el desarrollo de actitudes disfuncionales en el trabajo escolar [4,5].
Este problema es necesario reconocerlo en el ámbito universitario para poder abordar el agotamiento académico a través de una intervención en los estudiantes, fomentando entornos de aprendizaje saludable [6]. Asimismo, mejorar el bienestar futuro es fundamental, por lo cual da prioridad a la salud mental y proporciona capacitaciones a los estudiantes para mejorar su rendimiento académico emocional y social garantizando a largo plazo su desarrollo integral [7].
Goldberg y Hillier (1979) [8] integraron un instrumento para evaluar la salud mental en cuatro subescalas: síntomas psicosomáticos, ansiedad, disfunción social en la actividad diaria y depresión. Estas se relacionan de forma directa o inversa en síntomas somáticos, dolor, fatiga, mareos, problemas gastrointestinales, entre otros problemas psicológicos, manifestado por ansiedad caracterizada, por sentimientos de tensión, preocupación excesiva y cambios físicos como aumento de la presión arterial. La ansiedad y el insomnio manifestado por dificultad para conciliar o mantener el sueño, o experimentar un sueño reparador, ya que las preocupaciones y el estrés dificultan el descanso adecuado. En la disfunción social, las personas tienen dificultades para interactuar y relacionarse con otras, como aislamiento, problemas de comunicación, falta de habilidades sociales y conflictos interpersonales, y pueden ser resultado de condiciones psicológicas como la ansiedad social. La depresión conlleva la falta de capacidad de una persona para funcionar, es una condición mental o estado de ánimo persistentemente bajo y la pérdida de interés o placer en la mayoría de las actividades.
Otros síntomas son los cambios en el apetito y el peso, la fatiga, los sentimientos de inutilidad o la culpa excesiva, la dificultad para concentrarse, los cambios de humor y los pensamientos recurrentes de muerte o suicidio [9,10].
La prevalencia del síndrome de burnout académico, por dimensión, se estimó en un 55,4% para el agotamiento emocional, un 31,6% para el cinismo y un 30,9% para la eficacia académica. Estos niveles moderados del síndrome predominan en las poblaciones de estudiantes universitarios de diferentes carreras a nivel mundial [11]. El agotamiento académico se define como “sentimiento resultante de la compulsión por el estudio (agotamiento), el pesimismo hacia las tareas (cinismo) y el sentimiento de incompetencia como estudiante (ineficacia)”. Maslach [12] lo presenta como “un síndrome psicológico de agotamiento emocional, despersonalización y reducción de la realización personal que ocurre como respuesta a factores estresantes emocionales e interpersonales entre los individuos”.
La alta demanda del ambiente universitario posibilita que los estudiantes presenten problemas de salud mental y agotamiento académico. Sin embargo, los estudiantes no cuentan con las habilidades y las estrategias para afrontar los problemas cotidianos durante su formación universitaria afectando su salud física y emocional, así como la calidad de sus estudios [3]. Los universitarios del área de la salud suelen desarrollar un nivel alto de estrés durante su proceso formativo, por la carga académica intensa, la competencia, las prácticas clínicas relacionadas con el manejo de personas enfermas y al final de la vida, la responsabilidad, las expectativas, los exámenes, el equilibrio en la vida-estudios y visualizar su futuro. Algunos logran desarrollar estrategias adecuadas para afrontar las exigencias académicas, mientras otros muestran comportamientos de escape o evitación que no necesariamente son apropiados y contribuyen a generar sensaciones de agotamiento físico y mental y una actitud negativa, desvalorización y pérdida de interés en sus estudios [13, 14].
Por otra parte, la crisis provocada por la pandemia de covid-19 incrementó en los estudiantes universitarios la depresión, la ansiedad y el estrés, así como distintos síntomas psicológicos, motivo de consumo de alcohol y tabaco, aislamiento social, entre otros, problemas que persisten en pospandemia. Diversos estudios muestran la prevalencia de depresión, ansiedad y estrés en estudiantes universitarios antes y durante los primeros tres meses de cuarentena [11, 15].
La presencia de la pandemia covid-19, específicamente en la facultad de enfermería, incrementó la deserción escolar, misma que se ha ido recuperando paulatinamente. Sin embargo, las secuelas están manifestadas en los estudiantes por bajo rendimiento académico y la solicitud de apoyo psicológico. Para ello, se proponen intervenciones de programas preventivos para manejo de estrés para facilitar la adaptación a esta nueva realidad y mejorar la salud en los estudiantes [16, 17].
En relación con esta problemática, el objetivo del estudio es analizar las dimensiones de agotamiento académico, síntomas de salud mental y la relación con las variables sociodemográficas de los estudiantes de enfermería en pospandemia covid-19 de una universidad pública, México.
Material y método
Estudio cuantitativo, de tipo descriptivo transversal, en estudiantes de la Facultad de Enfermería de la Universidad de Morelos durante febrero de 2024.
La muestra fue conformada por 174 estudiantes de la Licenciatura en Enfermería, el muestreo fue no probabilístico. Fueron incluidos todos los estudiantes de cualquier semestre y manera voluntaria.
La recogida de datos fue mediante dos instrumentos de evaluación del burnout académico; se utilizó el Maslach Burnout Inventory-Student Survey (MBI-SS) [18], validado por Banda et al. [19], adaptado de la versión original Maslach Burnout Inventory-Human Services Survey (MBI-HSS) validado por Aranda y et al. [20], consta de 15 ítems para las dimensiones de Agotamiento Emocional (cinco ítems), Cinismo-despersonalización (cuatro ítems) y Eficacia Académica (seis ítems) con escala de Likert 1= totalmente en desacuerdo y 5= totalmente de acuerdo, Hu et al. [21]. El cuestionario para salud mental (GHQ-28) consta de 28 ítems, contiene cuatro subescalas: síntomas somáticos, ansiedad e insomnio, disfunción social y depresión grave; con escala de Likert 1= nunca y 4= siempre todo el tiempo (Goldberg et al. [8]); ambos instrumentos validados alfa de Cronbach aceptable [9], ha sido ampliamente utilizado en diversos ámbitos e instituciones, sobre todo en los enfocados en el sector de salud pública; se incluyen variables demográficas, género, edad, estado civil, convivencia, consumo de alcohol y tabaco.
Procedimiento
Se invitó a los estudiantes a participar en el estudio, se les visitó en sus aulas presencialmente para dar la información pertinente. A través del correo electrónico se envió el cuestionario para que lo contestara quien quisiese participar.
El análisis de datos fue mediante el programa estadístico SPSS V-22, se evaluaron por medio de medidas de tendencia central y promedio para variables demográficas, el índice de agotamiento profesional, el cinismo, la eficacia académica; y en percepción de salud general, los síntomas somáticos, la ansiedad e insomnio, la disfunción social y la depresión grave.
Se emplearon pruebas de coeficiente de correlación de Pearson (p) con un nivel de confianza del 95%, cuya significancia estadística fue p ≤ 0,05, para medir la magnitud del efecto, para evaluar la asociación entre las dimensiones de burnout académico y salud mental percibida. El procedimiento prueba T para muestras independientes contrasta la diferencia de medias, entre las dimensiones de burnout, salud mental y con variables demográficas, obteniendo la significancia de las diferencias entre dimensiones demográficas.
Consideraciones éticas
Siguiendo los principios éticos de la declaración de Helsinki para investigación, los datos obtenidos se emplearon exclusivamente para los fines de la investigación, la participación fue anónima. Se solicitó a cada uno de los participantes a dar su consentimiento informado y permitir de forma voluntaria participar en el estudio, mencionando que la información obtenida solo será para uso confidencial. Se obtuvo el permiso del Comité de Ética de la institución.
Resultados
En general, se obtuvo una media en edad de 19,97, predomina la edad de 18 a 19 años [67,2% (117)]; respecto al sexo, el 75,8% (132) es femenino; la mayoría es soltero [97,1% (169)]; la convivencia mayor es en el núcleo de la familia [60,9% (121)]; viven con sus padres [18,2% (32)] y con hermanos y/o amigos [12,1% (21)]. Se observa un porcentaje bajo pero significativo, el consumo de tabaco alcanza el 9,8% (17) y casi la cuarta parte consumen alcohol [20,7% (36)].
Respecto a la dimensión del agotamiento, más de la mitad de los estudiantes de enfermería presentan un nivel intermedio y alto. En el cinismo, más de la mitad de los encuestados indican un nivel bajo y continua el nivel intermedio, el nivel alto es menor, pero es significativo; y la dimensión de eficacia académica es la parte positiva y modula o media entre las variables negativas, encontrando más de la mitad con un nivel alto, menos de la cuarta parte que alcanza un nivel intermedio.
En general, el comportamiento de agotamiento académico con nivel bajo representa casi la cuarta parte, más de la mitad presenta el síndrome con nivel intermedio y un porcentaje menor obtiene nivel alto (Gráfico 1).
En el comportamiento de la salud mental, se perciben en subescala de síntomas somáticos un nivel alto casi la mitad de los estudiantes. En la ansiedad y el insomnio más de la mitad considera tener un nivel moderado y alto. En la disfunción social se incrementa de forma muy significativa el nivel moderado y alto con un 83%. En la depresión severa se perciben nivel bajo casi tres cuartas partes y nivel moderado y alto en más de la cuarta parte. El 23,5% de los estudiantes no percibe problemas en su salud mental. Sin embargo, hay presencia de depresión con un nivel leve (16,5%), moderado (19,5%) y alto (40,5%) (Gráfico 2).
En la Tabla 1 se muestran las asociaciones con las variables de agotamiento académico, salud mental y las variables personales, entre ellas resultó una relación y alta significancia estadística de este hallazgo (p < 0,000). Esto refuerza la robustez de la relación observada. En las dimensiones de agotamiento académico y subescalas de salud mental se encontró que el agotamiento y el cinismo tienen una correlación positiva moderada (r= 0,499, p= 0,000). Esto indica que a medida que aumenta el nivel de agotamiento, también aumenta el nivel de cinismo entre los estudiantes. Se determinó que el agotamiento se asocia con los niveles altos de ansiedad e insomnio (r= 0,229, p= 0,002). Además, si aumenta el agotamiento, también aumentan los síntomas depresivos (r= 0,234, p= 0,002).
Gráfico 1. Nivel de agotamiento académico (burnout) en estudiantes
Gráfico 2. Comportamiento de salud mental general en estudiantes
Se encontró una asociación significativa y negativa entre cinismo y síntomas de ansiedad e insomnio (r= -0,229, p= 0,002), sugiere que a medida que aumentan los niveles de cinismo afecta a los niveles de ansiedad e insomnio. A medida que se incrementa el cinismo, aumentan los síntomas de depresión (r= 0,307, p= 0,000). Se observa también una correlación significativa y negativa entre las variables eficacia académica y cinismo (r= -0,481, p= 0,000), y entre la eficacia académica y la depresión grave (r= -0,168, p= 0,026).
Los síntomas somáticos se asocian con el agotamiento, aunque la correlación es más débil (r= 0,150*, p= 0,048). Esto sugiere una relación positiva pero leve, indicando que mayores niveles de agotamiento se asocian con un aumento de síntomas somáticos. En el análisis de síntomas somáticos y la ansiedad e insomnio existe una correlación positiva fuerte y altamente significativa (r= 0,624, p= 0,000). Esto implica que a medida que aumentan los síntomas somáticos, también lo hace la ansiedad y el insomnio. La disfunción social (r= 0,182, p= 0,016) y con depresión grave (r= 0,191, p= 0,012). Entre los síntomas somáticos y sexo (r= 0,274, p= 0,000), indica que los síntomas somáticos varían de manera significativa en función del sexo, siendo más prevalentes en un sexo específico. En el análisis existe una correlación positiva y significativa entre la ansiedad y el insomnio y la disfunción social (r= 0,179, p = 0,018), indica que a medida que aumentan los síntomas de ansiedad e insomnio, también lo hace la disfunción social. La relación con depresión grave (r= 0,487, p= 0,000), sugiere que mayores niveles de ansiedad e insomnio están asociados con niveles más altos de depresión grave.
Relaciones de agotamiento académico, salud mental y variables de comportamiento
En la Tabla 2 se observa la asociación positiva, moderada y significativa entre la edad y el estado civil (r= 0,317, p= 0,000). Sugiere que a medida que aumenta la edad, también tiende a cambiar el estado civil de las personas. La dimensión de agotamiento y comportamiento del consumo de tabaco es significativa y negativa (r= -0,171, p= 0,024) y respecto al cinismo con el consumo de alcohol, la eficacia académica se relaciona con el consumo de tabaco de forma negativa (r= -0,206, p= 0,006).
La subescala ansiedad e insomnio con el consumo de tabaco (r= -0,262, p= 0,000), implica que a medida que aumentan los síntomas de ansiedad e insomnio, se asocia negativamente con el consumo de tabaco. Asimismo, se relaciona la depresión y el consumo de tabaco (r= -0,321, p= 0,000) y consumo de alcohol (r= -0,211, p= 0,005). Esta relación sugiere que mayores niveles de depresión grave tienen una correlación negativa con el consumo de tabaco y alcohol (r= ,453, p= ,000). Indica que a medida que aumentan los síntomas de depresión, influye el consumo de tabaco y alcohol de manera moderada.
La relación de la edad en relación con el estado civil es moderadamente significativa (r= 0,317, p= 0,000). La edad se asocia positivamente con la convivencia (r= 0,304, p= 0,000). Indica que a medida que aumenta la edad, crece la convivencia entre los individuos. Por último, la relación entre el estado civil y la convivencia familiar es r= 0,307, p= 0,000, esto indica un cambio en la vida familiar.
Análisis de varianzas: agotamiento académico, salud mental y variables sociodemográficas
En la Tabla 3, se muestra el análisis comparativo entre variables de agotamiento académico, salud mental y demográficas, utilizando la prueba t para evaluar las diferencias entre variables.
En relación con el sexo femenino se presentan mayores puntuaciones en el agotamiento, la eficacia académica y la disfunción social. El sexo masculino puntúa alto en las variables de cinismo, los síntomas somáticos y la ansiedad y el insomnio, y depresión grave.
El grupo de estudiantes de 20 a 24 años puntúa alto en agotamiento, cinismo y disfunción social. La población más joven de 18-19 años puntúa mayor en eficacia, síntomas somáticos, ansiedad e insomnio y depresión.
Dentro del estado civil, la mayor puntación es para la unión libre: agotamiento, síntomas somáticos, ansiedad e insomnio y disfunción social y los estudiantes solteros puntúan mayor en cinismo, eficacia académica y depresión grave.
En el tipo de convivencia, aquellos que conviven con la familia puntuaron alto en agotamiento académico y los que conviven con otros familiares y amigos mostraron una puntuación más alta en las variables de salud mental.
Discusión
El agotamiento académico está presente en los estudiantes de enfermería por las características de la carrera; sin embargo, existe un incremento posterior a la pandemia covid-19 en el cual se manifiestan comportamientos relacionados con el agotamiento y la salud mental en estudiantes y el miedo al contagio de covid-19 [21].
Los resultados de otros estudios de población en universitarios mexicanos [22] fueron similares, el miedo a contraer covid-19 desencadena estrés, el cual provoca agotamiento, cinismo y disminuye la autoeficacia. Sin embargo, la dimensión de eficacia académica se correlacionó positivamente en agotamiento académico y modula de alguna forma el síndrome burnout académico.
En la pospandemia se incrementó el número de estudiantes, de nivel bajo a moderado, en agotamiento académico; prevaleció el nivel leve predominando el indicador comportamental. En el análisis de asociación del síndrome con las variables sociodemográficas y académicas no se apreció una relación significativa, resultado similar a un estudio de Chile [23].
El efecto de abandono de los estudios universitarios se asocia al burnout académico y las variables de salud mental, como la ansiedad [24]. Además, presentaron ansiedad al sentir problemas a nivel fisiológico con probabilidad de que se maximicen a síntomas depresivos entre altas y bajas en su estado de ánimo, así como problemas del sueño, presentaron inestabilidad en sus emociones, somatizaciones físicas como forma de descargar el estrés [25]. A diferencia del estudio de Silva et al. [9], la edad se relaciona positivamente con el dolor de cabeza y el género del estudiante con los problemas del sueño.
Algunos estudios demostraron una comorbilidad excesiva y grave de depresión, ansiedad y estrés simultáneamente, junto con esta comorbilidad triádica, la presencia de agotamiento psicológico severo [11, 25, 26].
En los hallazgos se reporta que el sexo femenino puntúa mayormente en agotamiento y eficacia y disfunción social, mientras que en hombres tienden a reportar niveles más altos de cinismo, síntomas somáticos, ansiedad e insomnio y depresión.
Esto contrasta con un estudio en Chihuahua [27], en el cual se observó que la mujer reporta mayores niveles en las dimensiones de agotamiento, cinismo y eficacia.
Conclusiones
El agotamiento académico existe en la diversidad de niveles y dimensiones, se observa que en la pospandemia covid-19 aumentó el nivel de agotamiento y los problemas en salud mental que se asocian con una menor eficacia académica, destacando la importancia de abordar el bienestar para mejorar la salud integral de los estudiantes universitarios.
Es común en México, como en otros países, que los universitarios dependan del vínculo de acompañamiento y lazos afectivos de la familia para su desempeño académico, debido a razones culturales sociales y personales. En el apoyo familiar y las redes de amigos, los estudiantes obtienen apoyo emocional y motivación, de este modo, desempeñan un papel positivo en la eficacia académica. El desafío es que el agotamiento y la salud mental se diversifican entre los géneros, grupos de edad, tipo de familia y se ven influidos por las circunstancias personales y sociales de los estudiantes.
La profesión de enfermería valora, diagnostica, planea, interviene y evalúa las intervenciones para el cuidado de la persona, físico y emocionalmente. En los estudios universitarios, es fundamental que la institución apoye el bienestar de los estudiantes, con énfasis en la promoción y prevención de la salud mental, constituyéndose en un desafío el crear estrategias, tales como la educación, la comunicación, el liderazgo y el trabajo en equipo, lo que significará innovar en el currículo incorporando talleres que permiten trabajar el agotamiento físico, emocional y cognitivo del estudiante.
Conflicto de intereses
Ninguno.
Financiación
Ninguna.
Bibliografía
[1] Organización Mundial de la Salud (OMS). Nota descriptiva. Salud mental [internet]. Ginebra: OMS; 2022. [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets
[2] Instituto Nacional de Salud Pública (INSP). 10 de octubre, Día Mundial de la Salud Mental. INSP [internet] 2022 [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://www.insp.mx/avisos/10-de-octubre-dia-mundial-de-la-salud-mental
[3] Cuamba Osorio N, Zazueta Sánchez NA. Salud mental, habilidades de afrontamiento y rendimiento académico en estudiantes universitarios. Psicumex 2020; 10(2):71-94. doi: https://doi.org/10.36793/psicumex.v10i2.351
[4] Maslach C, Jackson SE. MBI: Maslach burnout inventory. Manual. Palo Alto, CA: University of California, Consulting Psychologists Press; 1981.
[5] Schaufeli WB, Salanova M, González-Romá V, Bakker A. The Measurement of Burnout and Engagement: A Confirmatory factor Analytic Approach. Journal of Happiness Studies. 2002; (3):71-92. doi: https://doi.org/10.1023/A:1015630930326
[6] Zamora Betancourt MR, Caldera Montes JF, Guzmán Valderrama MG. Estrés académico y apoyo social en estudiantes universitarios. Dilemas contemporáneos: educación, política y valores 2021; 9(spe1):00011. doi: https://doi.org/10.46377/dilemas.v9i.2916
[7] Kourea L, Papanastasiou EC, Diaconescu LV, Popa-Velea O. Burnout académico en psicología y ciencias afines a la salud: el programa BEN-DiT-EU para estudiantes y personal de educación superior. Psicólogo. 2023; (14). doi: https://doi.org/10.3389/fpsyg.2023.1239001
[8] Goldberg DP, Hillier VF. A scaled version of the General Health Questionnaire, in Psychological Medicin. Cambridge University, Editorial Board. 1979; 9:139-45.
[9] Silva-Gutiérrez BN, De la Cruz-Guzmán UO. Autopercepción del estado de salud mental en estudiantes universitarios y propiedades psicométricas del Cuestionario de Salud General (GHQ28). Rev Iberoamericana para la Investigación y el Desarrollo Educativo. [internet] 2017 [citado 5 may 2025]; 4(8). Disponible en: https://www.pag.org.mx/index.php/PAG/article/view/676
[10] Yang Q, Liu Y, Yang WF, Peng Pu, Chen S, Wang Y, et al. Mental health conditions and academic burnout among medical and non-medi-cal undergraduates during the mitigation of COVID-19 pandemic in China. Environ Sci Pollut Res. 2022; (38):57851-9. doi: https://doi.org/10.1007/s11356-022-19932-2
[11] Rosales Ricardo Y, Rizzo Chunga F, Mocha Bonilla J, Ferreira JP. Prevalence of burnout syndrome in university students: A systematic review. Salud Ment. 2021; 44(2):91-102. doi: https://doi.org/10.17711/sm.0185-3325.2021.013
[12] Saborío Morales L, Hidalgo Murillo LF. Síndrome de Burnout. Med. leg. Costa Rica. [internet] 2015 [citado 5 may 2025]; 32(1):119-24. Disponible en: http://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-00152015000100014&lng=en
[13] Rahmatpour P, Chehrzad M, Ghanbari A, Sadat-Ebrahimi SR. Academic burnout as an educational complication and promotion barrier among undergraduate students: A cross-sectional study. J Educ Health Promot. 2019; 8:201. doi: https://doi.org/10.4103/jehp.jehp_165_19
[14] Sen S, Sharma BK, Saxena MJ. Examining the role of perceived stress on learning satisfaction under the influence of academic burnout in the post-COVID world. J Educ Health Promot. 2023; 12(1):553. doi: https://doi.org/10.4103/jehp.jehp_1599_22
[15] Leonangeli S, Michelini Y, Montejano GR. Depresión, ansiedad y estrés en estudiantes universitarios antes y durante los primeros tres meses de cuarentena por COVID-19. Rev. Colomb Psiquiatr. 2022; 53(3):284-94. doi: https://doi.org/10.1016/j.rcp.2022.04.008
[16] Salinas Oñate N, Gómez Pérez D, Cancino M, Ortiz MS, Salazar Fernández C, Olivera MP. Problemas de salud mental en universitarios durante la pandemia por COVID-19: ¿qué tipo de ayuda buscan? Terapia psicológica. 2023; 41(1):19-38. doi: https://dx.doi.org/10.4067/s0718-48082023000100019
[17] Álvarez Pérez PR, López Aguilar D. El burnout académico y la intención de abandono de los estudios universitarios en tiempos de CO-VID-19. RMIE. [internet] 2021 [citado 5 may 2025]; 26(90):663-89. Disponible en: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttex-t&pid=S1405-66662021000300663&lng=es&nrm=iso
[18] Maslach C, Jackson SE, Leiter MP. Maslach Burnout Inventory Manual. Consulting Psychologists Press. 3rd ed. 1996.
[19] Banda Guzmán J, Robles Francia VH, Lussier R. Validación del Maslach Burnout Inventory en estudiantes universitarios de El Bajío mexicano. RIDE. Rev. Iberoam. Investig. Desarro. Educ. 2022; 12(23):e052. doi: https://doi.org/10.23913/ride.v12i23.1092
[20] Aranda Beltrán C, Pando Moreno M, Salazar Estrada JG. Confiabilidad y validación de la escala Maslach Burnout Inventory (HSS) en trabajadores del occidente de México. Salud Uninorte, 2016; 32(2):218-27. doi: https://doi.org/10.14482/sun.32.2.8828
[21] Hu Q, Schaufeli WB. The Factorial Validity of the Maslach Burnout Inventory-Student Survey in China. Psychological Reports, 2009; 105(2):394-408. doi: https://doi.org/10.2466/PR0.105.2.394-408
[22] Caballero CC, Abello R, Palacio J. Relación del burnout y el rendimiento académico con la satisfacción frente a los estudios en estudiantes universitarios. Avances en Psicología Latinoamericana. [internet] 2007 [citado 5 may 2025]; 25:(2):98-111. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=79925207
[23] Uribe MA, Illesca M. Burnout en estudiantes de enfermería de una universidad privada. Investigación educ. médica. 2017; 6(24):234-41. doi: https://doi.org/10.1016/j.riem.2016.11.005
[24] Carlotto MS, Gonçalves Câmara S. Síndrome de burnout en estudiantes universitarios trabajadores y no trabajadores. Revista de Estudios psicológicos. 2023; 3(3):21-34. doi: https://doi.org/10.35622/j.rep.2023.03.002
[25] Ashraf F, Ahmad H, Shakeel M, Aftab S, Masood A. Mental health problems and psychological burnout in Medical Health Practitioners: A study of associations and triadic comorbidity. Pak J Med Sci. 2019; 35(6):1558-64. doi: https://doi.org/10.12669/pjms.35.6.444
[26] Saavedra Rionda I, García González JV, Llamazares Granda FJ, Arbesú Fernández E, López Díaz A. Grado de burnout en especialistas en formación de medicina y psicología clínica. Educación Médica. 2021; 22(S2):55-61. doi: https://doi.org/10.1016/j.edumed.2019.05.002
[27] Rodríguez-Villalobos JM, Benavides EV, Ornelas M, Jurado PJ. El Burnout Académico Percibido en Universitarios; Comparaciones por Género. Formación universitaria 2019; 12(5):23-30. doi: https://dx.doi.org/10.4067/S0718-50062019000500023
Adjunto:
Cómo citar este artículo:
Hamam Alcober N, Viñuales Laviña I, Delgado Sevilla D, Fernando Vinués PJ, Viñuales Chueca B, Pérez Sanz N. Hábitos sexuales en jóvenes aragoneses de 18 a 25 años: estudio piloto observacional descriptivo. RIdEC 2025; 18(1):17-29. doi: https://doi.org/10.63178/bszk8534ridec
Fecha de recepción: 8 de agosto de 2024.
Fecha de aceptación: 25 de abril de 2025.
Autores
1 Nadia Hamam Alcober
1 Isabel Viñuales Laviña
2 David Delgado Sevilla
3 Pablo José Fernando Vinués
1 Beatriz Viñuales Chueca
3 Nuria Pérez Sanz
- Enfermera Interna Residente de Enfermería Familiar y Comunitaria. Unidad Docente Multidisciplinar de Atención Familiar y Comunitaria Huesca y Barbastro. Aragón (España)
- Enfermero Especialista en Enfermería Familiar y Comunitaria. Hospital Regional Universitario de Málaga. España
- Enfermera Especialista Familiar y Comunitaria. Servicio Aragonés de Salud. Aragón (España)
E-mail:
Resumen
Introducción: según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada día más de un millón de personas se contagian de una infección de transmisión sexual (ITS). Una de las tasas más elevadas se encuentra en edades comprendidas entre los 20 y 24 años, con una tasa de 78,1/100.000 habitantes. El objetivo es identificar los hábitos sexuales relacionados con el uso de métodos anticonceptivos de los jóvenes de Aragón de entre 18 y 25 años.
Método: estudio piloto de tipo observacional descriptivo, transversal, realizado en 2019 con una muestra de 132 jóvenes con vida sexual activa por muestreo de conveniencia. Se realizó un cuestionario ad hoc de 20 ítems con variables sociodemográficas y preguntas relacionadas con hábitos sexuales y educación sexual recibida.
Resultados: participaron 132 jóvenes con edad media de 19 años. El 88,8% había mantenido relaciones sexuales con penetración. El principal método anticonceptivo utilizado es el preservativo masculino, siendo el más usado en relaciones esporádicas.
Las razones más importantes de no utilizar el preservativo radican en la disminución de sensibilidad e incomodidad.
A la hora de la penetración anal, se refleja una disminución del uso del preservativo. El 63% de los jóvenes ha recibido educación sexual, incidiendo en su importancia e interés, y la necesidad de disponer dicha formación en un 75% de los encuestados.
Conclusiones: la educación sexual recibida es una herramienta formativa positivamente valorada por los jóvenes, siendo insuficiente para algunos. El preservativo sigue siendo el método anticonceptivo más empleado.
Palabras clave: educación sexual; anticonceptivos; enfermedades de transmisión sexual; adulto joven; sexo inseguro.
Abstract
Sexual habits in young aragonese persons from 18 to 25 years of age: an observational descriptive pilot study
Objective: according to the World Health Organization (WHO), every day over one million persons will catch a sexually-transmitted infection (STI). One of the highest rates is found in ages between 20 and 24 years, with a rate of 78.1/100,000 inhabitants. The objective is to identify the sexual habits associated with the use of contraceptive methods among young persons between 18 and 25 years old in Aragon.
Method: a descriptive observational cross-sectional pilot study, conducted in 2019 with a sample of 132 young sexually-active persons, by convenience sampling. An ad hoc 20-item questionnaire was prepared, with sociodemographic variables and questions about sexual habits and sexual education received.
Results: the study included 132 young persons with 19 years as average age; 88.8% of them had engaged in sexual activity with penetration. The main contraceptive method used was male condom, the most frequently used in occasional relationships. The most important reasons not to use a condom were discomfort and a reduction in sensitivity.
In terms of anal penetration, there was a reduction in the use of condoms; 63% of these young persons had received sexual education, and 75% of the participants highlighted its importance and interest, and the need to have said training.
Conclusions: sexual education is a training tool positively valued by young persons, and some of them consider that it has been insufficient. Condoms are still the most widely used contraceptive method.
Key words: sexual education; contraceptives; sexually transmitted conditions; young adult; unsafe sex.
Introducción
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada día más de un millón de personas se contagian de una infección de transmisión sexual (ITS) [1]. En el ámbito europeo, se observa un aumento importante en las ITS. Concretamente, y según datos del European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC) del año 2018, la tasa de sífilis ha ido en aumento entre los años 2011 y 2017, sobre todo en hombres [2]. El mismo centro en relación con la gonorrea, con datos también del año 2018, afirma que la notificación de esta infección aumentó un 22% con respecto al 2017, y recalca también la variabilidad de infecciones en los distintos países de la Unión Europea, remarcando que las tasas más altas se encuentran en el norte de Europa [3].
Los últimos informes del Ministerio de Sanidad de España inciden en esta idea aportando datos alarmantes de la situación de las ITS. Según los informes anuales elaborados por el Instituto de Salud Carlos III, entre los años 2013 y 2017, se ha producido un incremento del 26,3% de infecciones por gonorrea [4], observándose cifras más altas en hombres [4]. Una de las tasas más elevadas se encuentra en personas jóvenes con edades comprendidas entre los 20 y 24 años, con una tasa de
78,1 por 100.000 habitantes [4]. En el año 2018 en España, la tasa de infección por enfermedad gonocócica fue de 13,78; de sífilis 7,23; y la de Chlamydia trachomatis fue de 12,82 casos por 100.000 habitantes, produciéndose una disminución de esta última infección, en comparación con el año 2017 [5].
Sin embargo, en Aragón, según su instituto de estadística, en el año 2018, la tasa por 100.000 habitantes de la infección gonocócica se situó en 7,68, la de sífilis en 11,02 y la de Chlamydia trachomatis en 15,05, evidenciando una mayor prevalencia de sífilis y Chlamydia en Aragón, respecto a nivel nacional [5]. Son múltiples los estudios [6-9] que encuentran distintas circunstancias que incrementan la probabilidad de contraer una ITS entre la población joven. La naturaleza cambiante de las relaciones en jóvenes que implica relaciones esporádicas y con múltiples parejas, haber tenido una nueva pareja sexual en los últimos meses, consumir alcohol y otras drogas asociadas a las relaciones sexuales, y hacer un uso variable del preservativo con parejas casuales [8-11] son algunas de las circunstancias que citan los estudios como causas del aumento de ITS.
La Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos indica que los adolescentes tienen el derecho de acceder a una información adecuada para su salud, lo que incluye la educación sexual [12].
La educación sexual ha ido variando en Europa en las últimas décadas. En los años 60 del siglo pasado, su principal objetivo era la prevención de embarazos no deseados, a la que se le sumó la prevención de ITS, hasta llegar a abordar temas más actuales como son el consentimiento, la prevención del abuso sexual o la tolerancia con todas las identidades sexuales y de género [13]. A pesar de que ya en el año 2010, la Oficina Regional para Europa de la OMS, junto a otras instituciones, publicaron los Estándares de Educación Sexual para Europa [14], siguen existiendo importantes diferencias en esta formación ofrecida en los distintos países de la Unión Europea. España se encuentra por debajo de países como Francia o Alemania en el aporte de información verificada en materia de sexualidad, tal y como demuestra el Atlas Europeo de la Anticoncepción [15]. La Sociedad Española de Contracepción (SEC) muestra que la información que recibe casi el 50% de los jóvenes procede de internet, de los amigos en el 45,5% de los casos y solamente el 28% de los jóvenes recibe información por parte de los profesionales sanitarios [16, 17]. Es reseñable que aproximadamente el 70% considera que no es suficiente la información recibida sobre sexualidad [16, 17].
A pesar de que los jóvenes tienen un amplio acceso a la información sobre ITS [18] gracias a internet, y a que la educación sexual está incluida en el currículum académico desde 1985 [19], observando las estadísticas de incidencia de este tipo de infecciones en los últimos años, se hace necesario plantearse que dicha información disponible no siempre llega de manera adecuada o completa. Como se ha comentado, la educación sexual forma parte del currículo académico reglado [19]. En el momento en el que comienza la educación superior, la formación en hábitos sexuales saludables queda relegada a cursos específicos realizados por asociaciones y organizaciones no gubernamentales, a los que los jóvenes tienen que acudir de forma voluntaria. Considerando que los jóvenes participan de una vida sexual más activa, lo que implica un mayor riesgo de contraer una ITS, la educación sexual debería continuar hasta los 25 años o mientras sigan cursando estudios académicos [20].
Se marcó como objetivo principal del estudio identificar los hábitos sexuales relacionados con el uso de métodos anticonceptivos de los jóvenes de Aragón de entre 18 y 25 años. Derivado de este objetivo principal, se buscó identificar las razones por las que los jóvenes aragoneses no utilizan los métodos de barrera de forma adecuada, así como valorar la calidad percibida y características de la educación sexual recibida.
Método
Diseño: estudio piloto de tipo observacional descriptivo y transversal que se realizó con los jóvenes que colaboran como voluntarios o acuden a los cursos de formación del Movimiento Laico y Progresista de Aragón (MLPA).
Muestra y población: la población diana del estudio fueron todos los jóvenes de Aragón de entre 18 y 25 años.
El tamaño muestral obtenido fue los 132 participantes seleccionados mediante muestreo a conveniencia.
Los criterios de inclusión fueron:
• Tener más de 18 años y menos de 26.
• Aceptar las condiciones en lo relativo al tratamiento de datos.
Técnicas e instrumentos de recolección de datos: la recogida de datos se llevó a cabo durante la realización de distintas actividades del MLPA durante el segundo semestre del año 2019.
Los datos fueron recogidos a través de un cuestionario autoadministrado ad hoc utilizando la herramienta Google Formularios (ver Anexo I).
El cuestionario, compuesto de un total de 20 preguntas, recoge las siguientes variables:
• Variables demográficas (edad y sexo).
• Uso de distintos tipos de anticonceptivos (hormonales y de barrera), tipo de relación sexual.
• Formación previa sobre educación sexual.
• Planificación familiar.
El análisis de los datos se realizó mediante software Microsoft Excel 2020, extrayendo medidas de frecuencia, tanto en formato absoluto como en porcentaje de cada una de las variables del estudio. No se ha llevado a cabo análisis inferencial de las mismas.
Aspectos éticos: siguiendo las recomendaciones del Comité de Ética de Investigación de Aragón (CEICA) y al tratarse de encuestas anónimas, hace imposible reconocer la identidad de los participantes, por lo que no se recogerá el consentimiento por escrito. Se informará de forma verbal al encuestado y, antes de rellenar el formulario, el participante dispondrá de una breve explicación por escrito en la que quedará constancia la aceptación del tratamiento de sus datos si realiza la encuesta.
Este proyecto de investigación dispone del dictamen favorable del CEICA (Número de aprobación C.P. - C.I. PI19/338).
Resultados
Se encuestó a un total de 134 personas, de las cuales se excluyeron dos por cumplir un criterio de exclusión -más de 25 años-, por lo que finalmente la muestra total del estudio fueron 132 personas. De estas, el 66,9% eran mujeres y el 29,1% hombres, con una media de edad de 19 años. En cuanto a la provincia de residencia, la mayor parte pertenecía a Zaragoza (82,58%), seguidos de Teruel (8%) y de fuera de la comunidad a estudiar (6,1%), mientras que tan solo un 3,82% residía en Huesca.
El 88,8% había mantenido relaciones sexuales con penetración anal y/o vaginal, frente al 11,4% que no las había mantenido. Más de la mitad de los encuestados tenían relaciones sexuales con hombres, destacando un 17% que mantenía relaciones sexuales con ambos sexos.
Uso de métodos anticonceptivos
De las 117 personas que contestaron a la pregunta sobre relaciones estables, 21 afirman que nunca o casi nunca utilizan el preservativo masculino; es decir, un 17,9%. De estos, 21,3 eran hombres y el resto mujeres; 3 de las mujeres que contestaron “nunca” indicaron que solo mantenían relaciones sexuales con mujeres, por lo que se entiende que el uso del preservativo masculino es innecesario.
Este dato contrasta con el dato hallado en el uso del preservativo masculino en relaciones esporádicas, donde el tanto por ciento de respuestas de nunca o casi nunca disminuye al 6,6%.
En lo relacionado con el coitus interruptus, un 10,2% respondió que siempre o casi siempre utiliza este método como anticonceptivo, el 27,27% de estas respuestas fueron contestadas por varones. Al igual que con el uso del preservativo, este dato disminuye a un 6,02% cuando se pregunta por relaciones esporádicas.
Como se aprecia en el Gráfico 1, las razones por las que no se utiliza el preservativo son varias.
Vale la pena destacar que el 51,51% de las respuestas dadas en este ítem indica que “no siento lo mismo que si no lo utilizo”.
En el Gráfico 2 se representa el uso del preservativo según la práctica sexual. Destaca la utilización del preservativo de forma mayoritaria durante la penetración vaginal. En la penetración anal, práctica sexual que supone más riesgo de contagio de ITS por la facilidad de provocar erosiones en la penetración, sin embargo, más de la mitad de los encuestados, concretamente un 55,95%, afirma no utilizar el preservativo.
Gráfico 1. Razones para no usar el preservativo femenino/masculino
Gráfico 2. Uso del preservativo según práctica sexual
Educación sexual
En cuanto a la educación sexual impartida a los jóvenes, el 63% refiere haberla recibido en el instituto frente al 12%, que fue durante el colegio (Gráfico 3).
Gráfico 3. Lugar de impartición de la educación sexual
Casi el 80% de los encuestados indica que dicha educación fue impartida por personal especialista en salud sexual, siendo insuficiente para casi el 25% de los participantes.
El Gráfico 4 resume la percepción sobre la educación sexual recibida. Más del 75% de los jóvenes refiere como necesaria la educación sexual, siendo importante y necesaria para ellos, con un 62% y 58%, respectivamente.
Gráfico 4. Percepción de la educación sexual recibida
Los jóvenes encuestados refieren como fuentes de consulta sobre sexualidad amigos/compañeros de clase (44%) e internet (29,9%), relegando a los profesionales sanitarios a un 12,7% (Gráfico 5).
Gráfico 5. Fuente de consulta de dudas sobre sexualidad
Discusión
Los jóvenes de entre 18 y 25 años se encuentran en una etapa de alto desarrollo afectivo-sexual. Es en esta etapa donde muchos jóvenes comienzan a tener sus primeras relaciones sexuales, por lo que supone un público más vulnerable, no solo a contraer una infección de transmisión sexual, sino a embarazos no deseados o sentimientos de decepción o arrepentimiento ante relaciones sexuales.
Casi el 90% de los encuestados en este estudio ha mantenido relaciones sexuales con penetración anal y/o vaginal, siendo un dato importante que casi un quinto de la muestra nunca o casi nunca usan preservativo en las relaciones estables. Estos datos concuerdan con el estudio realizado por el Instituto de la Juventud de España publicado en 2020, “Resumen Ejecutivo Informe Juventud en España 2020” (INJUVE) [21]; sin embargo, son muy inferiores a los encontrados en el estudio de
2022 de De Melo et al. [22], ya que refieren que el 60,74% de la muestra informó no usar preservativo en todas las relaciones sexuales. Esta información difiere con la aportada en el 2019 por el Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva de la Sociedad Española de Contracepción (SEC) [23], que publicó que el método anticonceptivo más usado fue el preservativo con un 52%, mientras que en el estudio de Da Silva et al., en 2018 [24], el 66,12% de las mujeres indicó practicar sexo de forma segura siempre. Estos datos son mucho más altos que lo referido en diferentes estudios, como el de Spindola et al., en 2022 [25], en el que más de la mitad de los participantes que mantenían relaciones sexuales con una pareja estable no siempre utilizaban el preservativo (45%), aunque en las relaciones con parejas ocasionales ese porcentaje era mayor (76%), aumento que también se aprecia en este estudio.
En cuanto al ámbito internacional, los datos del presente estudio sobre uso de preservativo podrían asemejarse a los aportados por el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) [26], ya que aproximadamente el 80% de los adolescentes de entre 15 y 19 años usa el preservativo durante su primera relación, porcentaje que va disminuyendo ligeramente conforme se aumenta la edad.
En el estudio INJUVE [21] no existen diferencias significativas entre hombres y mujeres con respecto al uso del preservativo, aunque en el presente estudio es destacable que casi el 80% de los que contestaron que nunca o casi nunca utilizan el preservativo es mujer. El mayor uso del preservativo fue en la penetración vaginal al contrario que en otras prácticas de riesgo como la penetración anal, felación, cunnilingus y masturbación. Entre las razones que refirieron los jóvenes encuestados de este estudio para no utilizar el preservativo destacaba la incomodidad y la disminución de la sensibilidad a la hora de mantener relaciones sexuales. Sin embargo, la SEC [23] añade otras variables que podrían ser consideradas en otros estudios; la práctica del sexo oral, confiar en la otra persona, conocer a la otra persona ofrece seguridad. Estas variables fueron los motivos principales, relegando la incomodidad y la disminución de sensibilidad a los últimos lugares. Cabría preguntarse el porqué de que el uso de métodos de barrera sigue siendo tan bajo en las prácticas sexuales que implican alto riesgo de contagio de ITS, pero nula posibilidad de embarazo no deseado, por ejemplo, la práctica de sexo anal.
A pesar del conocimiento actual sobre las ITS y el uso del preservativo como método de barrera, sigue siendo un dato importante el número de jóvenes que no usan el preservativo durante las relaciones sexuales, lo que podría aumentar la prevalencia de personas infectadas con VIH/sida y otras ITS [24]. Por todo ello, llama la atención la escasez de pruebas diagnósticas de VIH/sida y otras ITS realizadas en los encuestados (13%), datos inferiores a los referidos por Folch et al.
(2015) [27], donde casi un quinto de la población estudiada se había realizado alguna vez dichas pruebas. Quizá los jóvenes no tienen interiorizado el riesgo que supone este tipo de enfermedades de transmisión sexual, pero sí que son conocedores de las implicaciones que un embarazo no deseado podría significar en sus vidas.
22 El hecho de que el 80% de los encuestados afirma haber recibido educación principalmente por un profesional especialista en educación sexual (más de la mitad en el instituto y solo un 12% en el colegio), contrasta con el incremento exponencial de infecciones por ITS entre los jóvenes. Al comparar estos datos con los presentados por la SEC [23] a nivel nacional, el porcentaje de participantes que recibió educación sexual fue similar al encontrado en el presente estudio. A la hora de consultar las dudas sobre sexualidad, los amigos o compañeros de clase, seguidos de internet son las fuentes principales, manteniendo la tendencia de lo encontrado por García-Vázquez et al. en 2020 28. Tan solo el 25% de los jóvenes aragoneses encuestados en este estudio cree que la educación sexual recibida ha sido insuficiente, dato que dista mucho del referido en el estudio SEC [23], donde el 68,5% de los jóvenes a nivel nacional cree que es insuficiente, elevándose esta opción entre las mujeres.
La falta de experiencia en el uso de los métodos anticonceptivos, las barreras para el acceso a los mismos y la falta de información sexual entre los adolescentes hace que el asesoramiento anticonceptivo sea esencial para lograr la aceptación del método, emplearlo de forma adecuada y asegurar la continuidad de su uso [29]. Quiroz-Mora et al. [30] sugieren que el uso del preservativo sigue siendo una conducta difícil de mejorar mediante intervenciones; las que demuestran cambios en la frecuencia y la intención del uso del preservativo son aquellas que se enfocan en producir efectos a nivel individual, organizacional y del entorno. Por todo esto, queda patente la necesidad de este tipo de formación, incluyéndose en etapas más tempranas, como la educación primaria y con un abordaje de manera global.
Limitaciones
La limitación más importante es que la recogida de datos se llevó a cabo en 2019 y no han sido analizados hasta este momento por factores externos como la presión asistencial generada por la pandemia covid-19. Como futura línea de investigación sería interesante plantearse estudiar si, tras la pandemia, el uso de métodos anticonceptivos ha cambiado entre los jóvenes y, sobre todo, si la educación sexual impartida se ha visto mermada.
Otra limitación importante en el estudio es el hecho de que el cuestionario utilizado no haya sido un test validado. Al tratarse de un estudio piloto ha servido también para ver los fallos que tiene el formulario utilizado y plantear, como línea futura de investigación, la realización y validación de un cuestionario.
Conclusiones
El método anticonceptivo más usado entre los jóvenes encuestados de Aragón de entre 18 y 25 años fue el preservativo masculino. Según la práctica sexual, destaca la utilización del preservativo de forma mayoritaria durante la penetración vaginal, mientras que en la penetración anal más de la mitad de los encuestados afirmó no usarlo. El coitus interruptus sigue siendo una opción minoritaria, aunque practicada, por alguno de los encuestados.
Las principales razones por las que los jóvenes no emplean los métodos anticonceptivos de barrera, según este estudio, son la disminución de la sensibilidad y la incomodidad en su utilización; destaca el ítem “no siento lo mismo que si no lo utilizo”.
La educación sexual recibida es una herramienta formativa positivamente valorada por los jóvenes, siendo importante y necesaria para ellos. La gran mayoría de los encuestados indica que dicha educación fue impartida por personal especialista en salud sexual, siendo insuficiente para un 25% de los mismos. A la hora de consultar sobre temas de sexualidad, las principales fuentes fueron amigos/compañeros de clase, seguido de internet y, por último, profesionales sanitarios.
Conflicto de intereses
Ninguno.
Financiación
Ninguna.
Bibliografía
[1] World Health Organization (WHO). Report on global sexually transmitted infection surveillance [internet]. Geneva: WHO; 2018 [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://iris.who.int/bitstream/handle/10665/277258/9789241565691-eng.pdf
[2] European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC). Syphilis - Annual Epidemiological Report for 2018 [internet]. Solna: ECDC; 2020 [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://www.ecdc.europa.eu/en/publications-data/syphilis-annual-epidemiological-report-2018?e-trans=es
[3] European Centre for Disease Prevention and Control (ECDC). Gonorrhoea - Annual Epidemiological Report for 2018 [internet]. Solna: ECDC; 2020 [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://www.ecdc.europa.eu/en/publications-data/gonorrhoea-annual-epidemiological-report-2018?etrans=es
[4] Unidad de vigilancia de VIH y conductas de riesgo. Mortalidad por VIH y sida en España, año 2017. Evolución 1981-2017. [internet]. Madrid: Centro Nacional de Epidemiología, Instituto de Salud Carlos III/ Plan Nacional sobre el Sida, Dirección General de Salud Pública, Calidad e Innovación. Madrid; 2019. [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/ciudadanos/enfLesiones/enfTransmisibles/sida/vigilancia/docs/MortalidadXVIH2017.pdf
[5] Instituto Aragonés de Estadística (IAEST). Enfermedades de declaración obligatoria. Años 2017 y 2018 [internet]. Zaragoza: IAEST; 2020 [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://www.aragon.es/documents/20127/1909615/20200724_EDO2017_2018+COMUNICADO.pdf/30bf0cd1-bfc1-b745-d223-efae010cbd83?t=1595590452041
[6] Calatrava M, López del Burgo C, de Irala J. Factores de riesgo relacionados con la salud sexual en los jóvenes europeos. Med Clin. 2012; 138:534-40. doi: https://doi.org/10.1016/j.medcli.2011.07.020
[7] Castro A, Bermúdez M, Buela-Casal G, Madrid J. Variables psicosociales que median en el debut sexual de adolescentes en España. Rev Latinoam Psicol. 2011; 43(1):83-94.
[8] Antón Ruiz FA, Espada JP. Consumo de sustancias y conductas sexuales de riesgo para la transmisión del VIH. An. Psicol. 2009; 25(2):344-50.
[9] Serrano I, Dueñas JL, Bermejo R, Coll C, Doval JL, Lete I, et al. Actividad sexual e información y uso de métodos anticonceptivos en la juventud española: resultados de una encuesta nacional. Prog Obstet Ginecol. 2005; 48(6):283-8. doi: https://doi.org/10.1016/S0304-5013(05)72396-7
[10] Gibson EJ, Bell DL, Powerful SA. Common sexually transmitted infections in adolescents. Prim Care. 2014; 41:631-50. doi: https://doi.org/10.1016/j.pop.2014.05.011
[11] Harden A, Brunton G, Fletcher A, Oakley A. Teenage pregnancy and social disadvantage: systematic review integrating controlled trials and qualitative studies. BMJ. 2009; 339:b4254. doi: https://doi.org/10.1136/bmj.b4254
[12] Office of the High Commissioner for Human Rights. CRC General Comment No. 4: Adolescent Health and Development in the Context of the Convention on the Rights of the Child [internet]. Office of the High Commissioner for Human Rights; 2003 [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://www.ohchr.org/sites/default/files/Documents/Issues/Women/WRGS/Health/GC4.pdf
[13] European Expert Group on Sexuality Education. Sexuality education – what is it? Sex Education. 2015; 16(4):427-31. https://doi.org/10.1080/14681811.2015.1100599
[14] Organización Mundial de la Salud (OMS). Estándares de educación sexual en Europa [internet]. Colonia: OMS; 2010 [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://www.bzga-whocc.de/fileadmin/user_upload/BZgA_Standards_Spanish.pdf
[15] European Parliamentary Forum for Sexual and Reproductive Rights (EPF). Contraception Atlas 2017 [internet]. Brussels: EPF; 2017 [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://www.epfweb.org/node/544
[16] Sociedad Española de Contracepción (SEC). Encuesta nacional sobre sexualidad y anticoncepción entre los jóvenes españoles (16-25 años). SEC; 2019 [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://sec.es/encuesta-nacional-sobre-sexualidad-y-anticoncepcion-entre-los-jovenes-es-panoles-16-25-anos/
[17] Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva de la Sociedad Española de Contracepción (SEC). Encuesta de Anticoncepción en España, 2018 [internet]. SEC; 2018 [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://hosting.sec.es/descargas/encuesta2018.pdf
[18] Alfaro González M, Vázquez Fernández ME, Fierro Urturi A, Muñoz Moreno MF, Rodríguez Molinero L, González Hernando C, et al. Hábitos sexuales en los adolescentes de 13 a 18 años. Rev Pediatr Aten Primaria. 2015; 17(67):217-25. doi: https://dx.doi.org/10.4321/S1139-76322015000400003
[19] Ley Orgánica 8/1985, de 3 de julio, reguladora del Derecho a la Educación. Boletín Oficial del Estado (BOE), núm. 159, de 4 de julio de 1985.
[20] Kirby D, Obasi A, Laris BA. The effectiveness of sex education and HIV education interventions in school in developing countries. World Health Organ Tech Rep Ser. 2006; 938(938):103-50.
[21] Pérez Díaz MT (dir.). Resumen ejecutivo Informe Juventud en España 2020 [internet]. Madrid: Instituto de la Juventud (INJUVE); 2021 [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://www.injuve.es/sites/default/files/adjuntos/2021/03/informe-juventud-en-espana-2020-resu-men-ejecutivo.pdf
[22] Deleon de Melo L, Passos Sodré C, Spindola T, Costa Martins ER, De Oliveira André NLN, Vieria da Motta CV. A prevenção das infecções sexualmente transmissíveis entre jovens e a importância da educação em saúde. Enferm Glob. 2022; 21(1):74-115. doi: https://doi.org/10.6018/eglobal.481541
[23] Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva de la Sociedad Española de Contracepción (SEC). Estudio sobre sexualidad y anticoncepción: jóvenes españoles [internet]. SEC; 2019 [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://hosting.sec.es/descargas/Encuesta2019_SEXUALIDAD_ANTICONCEPCION_JOVENES.pdf
[24] Da Silva Nascimento B, Spindola T, Reicherte Pimentel MRA, De Almeida Ramos RC, Costa Santana RS, Sampaio Teixeira R. Comportamento sexual de jovens universitários e o cuidado com a saúde sexual e reprodutiva. Enferm Glob. 2017; 17(1):237. doi: https://doi.org/10.6018/eglobal.17.1.261411
[25] Spindola T, Rodrigues Fernandes-da Fonte V, Da Silva Figueiredo-Lima G, Costa-de Moraes P, Costa-Martins ER, Galvão dos Santos-Soares B. Jóvenes universitarios de género masculino y el uso del preservativo. Enferm glob. 2022; 21(67):185-220. doi: https://dx.doi.org/10.6018/eglobal.489491
[26] Center for Disease Control and Prevention (CDC). Sexually Transmitted Infections (STIs) [internet]. [citado 5 may 2025]. Disponible en: https://www.cdc.gov/sti/es/site.html
[27] Folch C, Álvarez JL, Casabona J, Brotons M, Castellsagué X. Determinantes de las conductas sexuales de riesgo en jóvenes de Cataluña (*). Rev Esp Salud Pública. 2015;89:471-85.
[28] García-Vázquez J, Iraizoz E, Agulló-Tomás E. Evolución de las fuentes de información y las ideas sobre sexualidad en adolescentes. RqR Enfermería Comunitaria. 2020; 8(4):18-29.
[29] Rodríguez Jiménez MJ. Anticoncepción en la adolescencia. Pediatr Integral. 2022; 26(5):280-8.
[30] de Vries A, den Daas C, Willemstein IJM, de Wit JBF, Heijne JCM. Interventions Promoting Condom Use Among Youth: A Systematic Review. J Adolesc Health. 2024; 74(4):644-56. doi: https://doi.org/10.1016/j.jadohealth.2023.11.014
Anexo I
(Ver en PDF)
Adjunto:












